Vistas, sabores y sonidos de Oporto

Oporto es una ciudad para pasear, para disfrutarla sin prisas, con esa mezcla tan portuguesa de placer y melancolía.

Desde el mirador de la catedral,  la torre de los Clérigos se recorta con la sencillez de un faro sobre los tejados de Oporto.

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Vistas desde el mirador de la catedral

Pero las mejores vistas, en mi opinión, son las que se disfrutan desde la otra orilla, en Vila Nova de Gaia. Vale la pena subir al Monasterio de la Serra del Pilar, tras cruzar el puente de Luis I, para contemplar el barrio de Ribeira, recostado junto al río con sus fachadas de color ocre y remates de piedra de granito. Más allá, el puente de Arrábida y la desembocadura, la Foz do Douro.

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En Vila Nova de Gaia, podéis disfrutar también de la visita a las bodegas. Las hay más conocidas, como Sanderman, pero nosotros optamos por subir las calles adoquinadas, mucho más tranquilas,  que entre almacenes con olores a madera te llevan a las elegantes bodegas Taylor (http://www.taylor.pt/es/sobre-taylor-s/quienes-somos/las únicas que, según nos cuentan, siguen perteneciendo al mismo grupo familiar desde su creación en 1692. Vale la pena realizar la vista guiada (en inglés) que incluye la degustación de tres copas de oporto: blanco, ruby (de color granate) y tawny (de color dorado). Hay que saborearlos por este orden y los puedes acompañar, previo pago -eso sí-, de queso curado y trufas de chocolate. También son especiales las vistas desde el jardín de la bodega, con muebles de forja lacados en blanco y parterres de azaleas por los que circulan, despistados, una pareja de  pavos reales. Todo con un inconfundible toque “british”.

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Si hablamos de sabores, la gastronomía de Oporto ofrece, un mi opinión, un plato memorable: el arroz con pulpo. Podéis probarlo en muchos sitios porque, en general, la oferta gastronómica es suculenta y a precios honestos, pero mi experiencia, en la Taberna dos Mercadores (https://www.facebook.com/tabernamercadores) fue muy recomendable. Un restaurante  escondido entre las callejuelas del barrio de Ribeira, con apenas cinco mesas, y el trato cadencioso y amable de los portugueses que te hace sentir como en casa mientras disfrutas de cada bocado. Si se prefiere un toque más creativo, pero con apego a la cocina tradicional portuguesa y a los productos locales, gracias a la recomendación de un amigo descubrí  Forno Velho, semi-escondido en un corredor umbrio, de paredes de granito. Si vais, no dejéis de probar un postre con frutos rojos y chocolate fundido, perfecto de sabor y textura. Un momento de felicidad.

Y entre los sonidos de Oporto, el ajetreo tranquilo de sus calles comerciales, de las que recomiendo, sin duda, la Rua das Flores, con sus cafés y  tiendas de artesanía (loza, textiles, corcho). En una de ellas, justo al principio de la calle, elaboran unas preciosas bolsas de tela con las que envuelven cada regalo como si fuera un tesoro.

Al atardecer, muy cerca de la librería Lello (abarrotada de turistas) nos encontramos, por casualidad, con una de esas sorpresas que esperan al viajero. Una actuación en directo en la terraza de lo que fue una antigua librería. Os dejo el video:

Lo que no se ve en la grabación es la alegría de las personas que estábamos allí, disfrutando de la música y de los gestos de complicidad de los músicos: las niñas ensayando pasos de baile con ritmo de samba ante la mirada complacida de sus madres, y los jóvenes (y no tan jóvenes) tarareando todas las letras con la caiprinha en mano. Sin prisas.

Tanto nos entretuvimos que cuando llegamos ya estaban cerrando la tienda A vida portugesa (http://www.avidaportuguesa.com/), llena de cosas de antes, de las de “toda la vida”, alineadas en perfecto orden sobre los anaqueles y mesas largas de un antiguo almacén de aire colonial.

Hay que volver a Oporto y, si es posible, alojarse otra vez en la misma habitación, en el último piso del Hotel Pestana (http://www.pestana.com/es/pestana-porto-hotel/pages/home.aspx), con sus ventanas sobre el río  y un pequeño ojo de buey, justo a la altura de los ojos, para que lo primero que veas al despertar sea el Duero.

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6 comentarios en “Vistas, sabores y sonidos de Oporto

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