Ruta a los ibones de Barbarisa desde el Puerto de Sahún

Comenzaremos esta ruta en el puerto de Sahún, a 2.000 metros de altitud, en el parque natural de Posets-Maladeta. La pista de Chia lleva a este punto tanto desde el valle de Benasque como desde el Valle de Plan, y al menos este verano (2015) se encontraba en buen estado, cosa que no siempre ocurre cuando se inicia el recorrido desde Plan.

La ruta no es demasiado exigente (500 metros de desnivel, a los hay que añadir los 200 metros de remontada de la pista, al regreso) pero se puede hacer pesada por la ausencia de arbolado, así que mejor abstenerse en las horas centrales de días calurosos.

Una vez llegados al alto del Puerto de Sahún, hay que dejar el coche en el pequeño aparcamiento y tomar la pista de tierra rojiza a la izquierda, que desciende serpenteante doscientos metros hasta la cascada de Prats, donde da inicio propiamente la ruta, bien señalizada con marcas blancas y amarillas. Hasta hace algunos años la pista se podía transitar con muchas precauciones, pero ahora está ya tan descarnada que se ha prohibido la circulación.

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Una vez en la cascada de Prats, encontramos indicaciones de la ruta, que remonta rápidamente por la margen derecha del arroyo de Llisat, primero por terreno pedregoso y luego, ya, con pendiente mas suave, por una zona zona de pastos, en las que nos topamos con un rebaño de ovejas cuyo pastor, en lo alto del risco, nos servirá de referencia a lo largo del recorrido, ya que apenas se mueve de su posición de vigilancia.

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Avanzamos hacia la torrentera,  tras las cual se  se entrevé lo que podría ser la cuenca del ibón.

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Pero primero hay que cruzar al otro lado del río, con mayor o menor dificultad según bajen las aguas, para seguir ascendiendo, esta vez con desnivel mas fuerte, hasta la caída de agua que parece que ya, definitivamente, nos dará paso al ibón chico de Barbarissa. De todas formas, como en muchas rutas de montaña, hay que mantener la fe, ya que detrás de un resalte viene otro y el ibon se hace de rogar. Si echamos la vista atrás, la marcha se nos hace mas llevadera, pues las vistas, con el valle de Benasque al fondo, compensan el esfuerzo.

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Vale la pena detenerse cuando llegamos al ibón chico: como su propio nombre indica, no es espectacular, pero tiene la gracia de de las cosas pequeñas y perfectas. Lo nutren hilos de agua que bajan del repecho que conduce al ibón grande; en su orillas la hierba está esponjosa y hay pequeños anfibios del tamaño de una uña.

Ibon Chico de Barbarisa

 

Si no hacemos ruido, hasta podemos ver a las tímidas marmotas en las faldas rocosas que protegen al ibón.

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Seguimos adelante, mientras parece que nuestra llegada pone en alerta a sucesivos grupos de rapaces (buitres?).

Un último repecho nos conduce al ibon grande Barbarisa, que al cabo de dos horas y media de camino aparece a nuestros pies como una lengua de agua turquesa y oscura, con los picos Bargueña y Eriste, al fondo, cerrándole el paso.

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