Unos días en Nantes

 

Nantes es una ciudad perfecta para recorrer en un fin de semana, sobre todo si hay vuelo directo, como ocurre con Valencia. Además, su situación en el estuario del Loira la convierte en punto de partida de las rutas hacia el sur de la región de Bretaña.

Recomiendo comenzar la visita en Le Lieu Unique (lugar único), junto al canal de Saint Felix y en el muelle Ferdinand Favre. Además, si nos acercamos por la noche en verano tendremos la oportunidad de contemplar la imagen de la modelo Leticia Casta proyectada sobre las aguas del canal, en un espectáculo que se llama “Nymphea”.

Le Lieu Unique ocupa la antigua fábrica rehabilitada de las famosas galletas LU, convertida ahora en un gran espacio para exposiciones, conciertos, teatro…Cuenta también con  restaurante y brasserie  en la terraza orientada al muelle, donde se pueden degustar ostras del golfo de Morbihan, acompañadas del vino blanco del Pays du Loire: el Muscadet (para los amantes de la buena mesa, hay que tener en cuenta las recomendaciones Les tables de Nantes, una guía gastronómica de la ciudad y su entorno).

Además, desde la torre LU se pueden contemplar unas preciosas vistas del castillo de los Duques de Bretaña, justo enfrente, que visitaremos a continuación.

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La torre LU

 

El castillo de los Duques de Bretaña fue construido por Francisco II, el último duque de Bretaña independiente, con la intención de convertirlo en fortaleza militar frente al avance del rey de Francia, y en el lugar de residencia principal de la corte ducal. Las obras las prosigue su hija, Ana de Bretaña, dos veces reina de Francia pues al enviudar de Carlos VII tuvo que contraer matrimonio con Luis XII, hermando del primero. Una estatua de bronce de la reina y duquesa Ana, -que recuerda un poco a otra Ana, la Regenta de Vetusta-,  se sitúa a medio camino entre el castillo y la catedral.

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El castillo está rodeado de muralla y foso que dan paso al edificio principal (Gran Logis), en estilo gótico flamígero, mientras que la torre de la Corona de Oro, que mandó construir Ana de Bretaña, anuncia ya el estilo renacentista.

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El recorrido por el interior del castillo nos permitirá contemplar desde las alturas el barrio de Bouffay y, al fondo, las torres de la catedral.

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Detrás de una fachada con sendas torres de piedra blanca (y no de granito, como es habitual en la Bretaña) se elevan dos bóvedas más altas que las de Notre Dame. En el crucero destaca la tumba de Francisco II y Margarita de Foix, encargada por su hija la duquesa Ana.

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Si volvemos sobre nuestros pasos llegaremos al barrio de Feydau, una antigua isla que se unió a Nantes cuando los sedimentos que arrastraba el Loira colmataron los canales. Junto a estos canales construyeron sus palacetes los ricos mercaderes, aunque como el suelo de la isla era bastante arenoso, las fachadas aparecen ahora ligeramente inclinadas. Para comprender el porqué de tantas casonas opulentas en este barrio hay que recordar que Nantes se nutrió de dos grandes fuentes de riqueza desde el siglo XVI hasta principios del Siglo XIX: África y América.

Las naves construidas en Nantes sirvieron al comercio triangular con las costas Las Antillas y de Guinea, donde se compraban esclavos negros a cambio del azúcar de caña que se refinaba en Nantes.  Junto con el tráfico de personas, los barcos también arribaban a  los muelles de a isla de Feydau con cargamentos de café, pimienta, índigo y maderas exóticas. La verdad es que cuando una lee estas cosas, las fachadas de los palacetes, con su mascarones de proa en las esquinas, parecen un poco más deshabitadas y tenebrosas.

Por último, no podemos despedirnos de Nantes sin visitar el pasaje Pommeraye y trasladarnos a lo que sería el “shopping” de lujo del siglo XIX, al estilo de otras galerías comerciales de esa época, como las galerías Saint Hubert en Bruselas.

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Muy cerca, frente al edificio de la ópera de Graslin se encuentra la mítica brasserie La Cigale, con sus paredes recubiertas de mosaicos que cuentan la historia de la laboriosa hormiga y la cigarra “bon vivant”. En fin, si somos más hormigas que cigarras, podemos contentarnos con unas fotos en el interior y una Orangina en la terraza, pues los precios del restaurante son más propios de cigarras.

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